miércoles, 7 de abril de 2010

PERDONARNOS A NOSOTROS MISMOS

A veces tenemos muchas cadenas que nos atan y que no nos dejan fluir con libertad. Muchas de esa cadenas son interiores, fundamentalmente, RESENTIMIENTOS Y RECUERDOS NEGATIVOS. Eso nos quita la alegría y las ganas de gozar cada día. Y por ello necesitamos aprender a perdonarnos A NOSOTROS MISMOS. Mas difícil que perdonar a alguien, que ya es de sumo bien difícil, es perdonarse uno mismo. Si, algunas veces lo que mas cuesta es aceptar y perdonar que hicimos lo menos inteligente, que nos equivocamos a pesar de que todo el mundo nos advirtió el error, que todas las marcas de la vida nos llevaban a un camino o una decisión distinta. Estoy pensando en personas que eligieron a la persona equivocada y ahora no entienden como fue que lo hicieron y no se perdonan haber cometido ese error. Pienso en las personas que pelearon y ofendieron, sin ninguna razón, a alguien que aman y que ahora están sufriendo las consecuencias de su inconsciente acción, por ejemplo. Me refiero, también, a aquellos que, por debilidad de carácter o por creer que era lo mejor, han actuado de tal manera que hoy se arrepienten. Esa falta de perdón a uno mismo se manifiesta en una tristeza, en un desgano y un volver constantemente sobre la misma situación. Perdonarse a si mismo es difícil pero es lo mas liberador que hay. Cuando aceptamos nuestros errores y comprendemos que nos podemos amar a pesar de ellos, estamos en capacidad para comprender y aceptar los errores de los demás y, así, establecer con ellos relaciones sanas. Que me equivoque no significa que no valgo nada o que todo esta perdido. Aceptar que no soy perfecto forma parte del proceso de crecimiento personal. Se que existen personas cínicas e inconscientes que no se dan cuenta de sus errores y no crecen ni mejoran, en sus dimensiones humanas. Pero tarde o temprano - mas temprano que tarde- encontraran el resultado de su inconsciencia.

Tomado del oracional el Man esta vivo del P. Alberto Lineros

sábado, 3 de abril de 2010

Dependencia emocional dominante - 1 parte.

En los artículos pasados hemos escrito sobre temas de codependencia sumisa, hoy les hablaremos de la dependencia dominante, qué es?, ¿cómo se caracteriza?, ¿cómo influyen en otras personas?, ¿cómo se sabe que hay una dependencia tras la dominación y la hostilidad?

Esta forma estándar, en sus grados más extremos de gravedad, es la responsable a nuestro juicio del comportamiento del grupo de personas víctimas de malos tratos que continúa amando a su pareja. Sin embargo, existen lo que hemos denominado “formas atípicas” de dependencia emocional, en las que este fenómeno aparece simultáneamente con otros. Una de estas formas atípicas es la dependencia dominante, coexistiendo aquí tanto la necesidad afectiva propia de la forma estándar, como una intensa agresividad hacia la pareja. La ambivalencia resultante es la responsable del comportamiento peculiar del grupo de maltratadores al que hemos hecho referencia al comienzo de este artículo.


Los dependientes dominantes se caracterizan, como su propio nombre indica, por tener relaciones de dominación en lugar de sumisión, sin por ello dejar de sentir dependencia hacia su pareja. Ya hemos visto en la dependencia emocional normal que las relaciones de pareja se caracterizaban por la sumisión y la idealización. En el caso de la dependencia dominante se da simultáneamente con la necesidad afectiva un sentimiento de hostilidad. Se puede interpretar esta hostilidad como una especie de venganza por las carencias sufridas, que ciertas personas con una autoestima algo más sólida se pueden permitir el lujo de mostrar. Estas personas suelen ser varones, lo cual tiene posiblemente implicaciones tanto biológicas como culturales, en tanto éstos tienen presiones sociales para adoptar posiciones de fuerza y competitividad, y cierta facilidad para la desvinculación afectiva hacia los demás.


Estos dependientes dominantes establecen relaciones de pareja desde una perspectiva superior, de dominio, y utilizan a su pareja para satisfacer sus sentimientos ambivalentes (la ambivalencia es la presencia simultánea de afectos positivos y negativos que entran en conflicto). Por un lado atacan, controlan, dominan o incluso humillan a su pareja. Esto refuerza al mismo tiempo su autoestima porque niegan así su otro sentimiento fundamental, la dependencia. Pero detrás de esta posición de superioridad se esconde una profunda necesidad y control del otro, al que quieren siempre consigo y en exclusividad. En este tipo de dependencias son muy comunes los celos, incluidos los patológicos, que encubren la necesidad y la posesión que sienten hacia su pareja. Digamos que con esta actitud de dominio obtienen lo mismo que desea el dependiente emocional estándar, que es la presencia continua de su pareja, y además contentan otra tendencia más hostil y dominante, satisfaciendo así su ego y su rencor hacia las personas.


Tomado de: Jorge Castello Blasco- I Congreso Virtual de Psiquiatría

Dependencia Emocional Dominante (1 parte)

En los artículos pasados hemos escrito sobre temas de codependencia sumisa o dependiente, hoy les hablaremos de la dependencia dominante, qué es?, ¿cómo se caracteriza?, ¿cómo influyen en otras personas?, ¿cómo se sabe que hay una dependencia tras la dominación y la hostilidad?


Esta forma estándar, en sus grados más extremos de gravedad, es la responsable a nuestro juicio del comportamiento del grupo de personas víctimas de malos tratos que continúa amando a su pareja. Sin embargo, existen lo que hemos denominado “formas atípicas” de dependencia emocional, en las que este fenómeno aparece simultáneamente con otros. Una de estas formas atípicas es la dependencia dominante, coexistiendo aquí tanto la necesidad afectiva propia de la forma estándar, como una intensa agresividad hacia la pareja. La ambivalencia resultante es la responsable del comportamiento peculiar del grupo de maltratadores al que hemos hecho referencia al comienzo de este artículo.


Los dependientes dominantes se caracterizan, como su propio nombre indica, por tener relaciones de dominación en lugar de sumisión, sin por ello dejar de sentir dependencia hacia su pareja. Ya hemos visto en la dependencia emocional normal que las relaciones de pareja se caracterizaban por la sumisión y la idealización. En el caso de la dependencia dominante se da simultáneamente con la necesidad afectiva un sentimiento de hostilidad. Se puede interpretar esta hostilidad como una especie de venganza por las carencias sufridas, que ciertas personas con una autoestima algo más sólida se pueden permitir el lujo de mostrar. Estas personas suelen ser varones, lo cual tiene posiblemente implicaciones tanto biológicas como culturales, en tanto éstos tienen presiones sociales para adoptar posiciones de fuerza y competitividad, y cierta facilidad para la desvinculación afectiva hacia los demás.


Estos dependientes dominantes establecen relaciones de pareja desde una perspectiva superior, de dominio, y utilizan a su pareja para satisfacer sus sentimientos ambivalentes (la ambivalencia es la presencia simultánea de afectos positivos y negativos que entran en conflicto). Por un lado atacan, controlan, dominan o incluso humillan a su pareja. Esto refuerza al mismo tiempo su autoestima porque niegan así su otro sentimiento fundamental, la dependencia. Pero detrás de esta posición de superioridad se esconde una profunda necesidad y control del otro, al que quieren siempre consigo y en exclusividad. En este tipo de dependencias son muy comunes los celos, incluidos los patológicos, que encubren la necesidad y la posesión que sienten hacia su pareja. Digamos que con esta actitud de dominio obtienen lo mismo que desea el dependiente emocional estándar, que es la presencia continua de su pareja, y además contentan otra tendencia más hostil y dominante, satisfaciendo así su ego y su rencor hacia las personas.


Tomado de: Jorge Castello Blasco- Análisis de la Dependencia Emocional - I Congrso Virtual Psiaquiatría